sábado, 26 de mayo de 2012

Habitación 221 (Señales de humo)





Yo nunca había pensado en los recuerdos como bloques de cemento, pero así son. Él me dice, deshazte de ellos aunque sean bonitos, arrójalos al fango. Y yo obedezco. Arranco los ladrillos de mi casa. Vacío los estantes. Quemo los libros. Rompo las paredes hasta dejarlas horadadas como si me hubieran disparado mil bazookas. Vivo en ruinas, pero no me importa. Mi pared es un esqueleto fracturado como mi alma. Y por los agujeros del olvido entra el sol, se filtra el frío, se desliza a cuchillo el viento de la muerte. Y entonces él me arropa. Y aunque nunca dice ven, acaricia mi tristeza con silencios dulces. Abrázame que me muero de frío. Y se acerca. Huele tierno mi cuello. Muerde mi desazón. Se bebe silencioso mi tristeza. Y dice: tu taza de té está humeando palabras. Son señales de humo. Semillas inmortales. Tan lejos. Tan cerca. Si mi madre volviera de la muerte y me viera bebiendo té a todas horas. Esta no es mi niña, me la han cambiado, pensaría. Cambian los hábitos. Cambian las formas. Cambia el decorado. Pero no cambian las personas. O sí. No lo sé. No sé si soy yo misma. No lo sé. No sé si soy persona. No lo sé. Mi existencia es intrascendente. No soy. No importo. Ven, poeta, y haz que olvide todo esto. Ven y hazme reír a carcajadas, como solo tú sabes hacerlo. Mi corazón es de hojaldre. Mi alma de piedra fría. Una enfermedad transitoria, dicen. Pasará, dicen. Desaparecerá algún día. Son estos recuerdos de cemento azul los que espesaron mi alma. Señales de humo pidiendo auxilio. Cáncer amado mío. Amor envenenado y arrebatado mío. Yo nunca he dejado de amarte, pero sucede 
que yo...Yo ya no soy yo.







jueves, 3 de mayo de 2012

Habitación 035 - Bah, qué tontería.





Hoy estoy de buen humor. De muy buen humor. Natalia me pregunta qué haría si perdiese el miedo. Pues matar, respondo. Matar, claro que sí. Qué otra cosa se puede hacer. No se me ocurre nada mejor. De hecho desde niña me apetece. Hubiera asesinado sin dudarlo a la monja que me daba clase en parvulitos. Hija de la gran puta por la gracia de dios. Bruja asquerosa y sádica por obra y gracia del espíritu santo. De buena gana le hubiera clavado media docena de lápices Staedtler 9H en cada ojo a la cerda de mierda por dedicarse a torturar niñas impunemente. Un pedazo de cerda inmunda, eso es lo que era. Aunque no tan cerda como la novia de mi padre. Nunca me la presentaron, sin embargo yo sabía perfectamente cómo le olía el coño. Lo sabía porque mi padre volvía a casa cada noche sin lavarse la cara, y el cerdo cabrón de mierda me plantaba sin cortarse dos besos que apestaban a coñazo, y no era precisamente el de mi madre, quién, por cierto, entretanto, diluía su desesperación y sus lágrimas con vino blanco de cocinar. El coño de la novia de mi padre olía como una ciénaga infestada de peces muertos. Me hubiera gustado atropellarla con el coche. A ser posible contra un muro de hormigón meado por los perros. Aplastarle la cadera como quien rompe entre sus manos el cascarón de una nécora. Dejarle el coño lleno de metralla ósea a la muy puta. Y aprovechando su desplome dar marcha atrás para rematarla empotrándole los dientes en el cerebelo. Lástima no haberlo hecho. Con lo a gusto que se queda uno. Y también matar a algún desconocido, por qué no. La vida es un bien sobrevalorado y ya hay demasiada gente sobrante. El tipejo que mastica chicle ruidosamente en la butaca de al lado en el teatro, o el funcionario del INEM que te trata con displicencia como si te hiciera un favor, o la vieja maloliente y grosera que se te cuela siempre en el super. Anda que no hay gente a la que quitar de en medio. O esos parásitos que viajan pegados al culo de uno dispuestos a joder a la mínima oportunidad. Como la imbécil de mi hermana, que es pija perdida y me viene puteando desde niña. La subnormal de mierda sólo lee los prospectos de las cremas antiarrugas. O mi jefe, que es un enano oligofrénico que apesta a cenicero, pero se cree muy guay por tener un 4X4 y una novia sudaca y adolescente con labios de chupona y completamente iletrada. O el vecino del noveno, que es calvo y policía. Joder, no sé cuál de las dos cosas me da más asco. Si andar por la vida con la tapa del cráneo al descubierto brillando bajo el sol o salir a currar a diario con una porra en la mano y dispuesto a dar de hostias al primer congénere que se ponga respondón. Qué gente, dios.
Matar. Qué ganas.
Pero no lo haré. Seré una niña buena, como siempre. Equilibrada. Respetuosa. Responsable. Como siempre. Una ciudadana ejemplar, como siempre. Y sonreiré a mi hermana y a mi padre, y a mi vecino del  noveno cuando coincidamos en el ascensor, y llevaré a mis hijos al colegio, e iré a misa los domingos, y le cederé el paso a la vieja del supermercado, y le diré a mi jefe, sí señor, por supuesto, señor, gracias, señor, a sus órdenes, señor.
Sólo espero que en los próximos días, nadie de mi entorno muera en extrañas circunstancias. Sólo eso.
Yo sólo estoy de buen humor.
Sólo bromeo.
Sólo eso.
De buen humor.





viernes, 3 de febrero de 2012

Habitación 400 (Nosotros)



Hoy he dormido una larga y reconfortante siesta.
Necesitaba descansar y adormecer mi deseo.
Necesitaba acurrucarme para rumiar recuerdos.

Ahora la madrugada me alcanza y me sorprende haciendo bolitas de pensamientos luminosos.

Y pienso en nosotros sabiendo que el cosmos urde una trama que nos concierne.

Pienso y deseo.
Contraigo y relajo.
Mi alma y mi coño son una misma cosa. Un molusco voraz que afila sus papilas queriendo lamer tu vida.

Soy la mujer sin  glamour. La mujer sin adornos. La mujer desnuda que quiere doblarse sobre tus rodillas para ofrecerte el mundo.

Eres el hombre vulnerable. El hombre patético. El hombre sin corazas que quiere derramar su alma sobre la mía para elaborar lo inolvidable.

No hace falta hablar de amor cuando existe magia.
Ambos la percibimos aunque no lo mencionemos.
Somos telépatas.

Lo sé.
Lo sabes.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Habitación 042 (Libre)



Por fin la vida huele solo a viento.
El sol acaricia mi costado.
A mi espalda el futuro que me alcanza y me embellece.
Blanco.


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martes, 8 de noviembre de 2011

Habitación 694 (cornamusa)




Y los cabos sueltos siempre ahí.
Al alcance de la mano
brindándose seductores.
Ofreciendo, 
a cambio de nada,
su dulce caricia,
su abrazo sereno.
Siempre perfectos 
...para ahorcarse.







viernes, 4 de noviembre de 2011

Habitación 997 (Apátrida)






"La página solicitada ha intentado efectuar un redireccionamiento hacia sí misma, operación que podría dar lugar a la creación de un bucle infinito".

Volví la mirada atrás y sólo vi un paisaje devastado. 
Era una visión tan triste, tan espantosa, que no podía apartar los ojos de ella. Hasta que alguien tomó mis hombros y me obligó a mirar de nuevo al frente. Y cuando me giré ya estabas aquí. He venido a salvarte, dices. Y me asomo a tu alma. Y veo en tu interior un océano interminable de palabras nutricias. Y en tus manos un torrente de amor. Y en tus ojos un abrazo de músicas dulces. Quédate. Aliméntame. Empápame... ¿Volver? Jamás. ¿Volver a dónde...?